instalación-perfomance en el espacio del teatro de la municipalidad de Maipu en el marco de la muestra N200.
N.A.R. Algo que derrite la tierra sobre la que se instala. Comentario sobre los gestos borrados, las miradas evadidas, las emociones excluidas en las prácticas artísticas post fordistas.
Sobre el uso de otros lugares para las practicas estéticas.
En un momento donde las practicas artísticas, al parecer ya no son capaces de reestructurar su carácter rupturista ni sus poderes de puesta en crisis de las políticas institucionales que determinan su inanidad crítica, no parece posible erigir proyectos en los cuales ambos anhelos tengan un posible cumplimiento.
En efecto, los empeños relacionales o las estéticas de lo alternativo, panaceas visibles de un arte que desea ser la diferencia constituyente en un contexto de realidad marcado por el sin sentido maquiníco del proyecto neoliberal, han sido completamente recuperadas y absorbidas al interior de un mercado cultural, que en el presente se manifiesta omnipotente y liquido, mas aun, flexible y mutante, liberado de afectos y significaciones existenciales que pudieran mermar su acelerada realización global.
Claramente el arte actual más allá de las buenas intenciones expresadas por sus protagonistas, gestores y actores, ha caído en la más profunda de las inercias, saturado de eventualidades que celebran su importancia y preponderancia en tanto disciplina vigilante de los desigualdades ontológicas acontecidas en la sociedad, se ha mostrado como un espacio sin vitalidad y peor aun sin reservas problemáticas que pudieran legitimar la verosimilitud de su tarea liberadora pregonada en bienales, textos críticos y salones de clase.
El arte en su versión integrada al fatídico proyecto de neoliberación de las formas de ser y del ser no ha cumplido otra misión que transformarse en la guinda de la torta, es decir, en un detalle ornamental que decora un sistema societal en donde la vida ha quedado capturada en agenciamientos que procesan su multiplicidad y la reprograman en función de la continuidad redundante del ciclo mítico del consumo y la producción.
Artistas por la paz mundial, creadores unidos inventando tácticas para rescatar etnias o comunidades sumidas en la exclusión, espacios de exposición que buscan des-agregarse del circuito expositivo oficial alojándose en periferias artificiales, curadores desesperados por encontrar grupos sociales en extinción para legitimar una labor comprometida en el mercado global, estudiantes desencantados que dadaisan su hacer exorcizando la angustia que les provoca habitar realidades sin asideros referenciales consistentes, todas estas modalidades de trabajo son las axiomáticas que moviliza el capital en su performance integrada, no hay que sorprenderse, en su conjunto estas acciones constituyen el modo en que el capitalismo cognitivo realiza la apropiación intensiva de los espacios culturales, generando polaridades y jerarquías en su interior que a la larga solo garantizan el eterno retorno de su voluntad productiva.
Dentro de este horizonte de prácticas consumidas y consumadas en los ciclos míticos del consumo y la producción, cabe imaginar un hacer que logre evadirse de los complejos controles que la sociedad actual impone a todo acto que se manifieste ajeno al menú o guión del capital. Es posible imaginar un lugar donde lo que suceda realmente este pasando y en el cual las relaciones allí convocadas aun puedan dar cuenta de la existencia de cariños, experiencias y vivencias no editables a lo gran hermano. Puede existir ese pliegue topográfico o espacio liso donde las percepciones y emociones no estén estriadas y organizadas en formatos comercializables, ya sea a través de un ojo-cuerpo domesticado por el turismo o de una mirada-mente cifrada en el espectáculo hermenéutico. Desde mi punto de vista creo que aun es factible encontrar espacios imposibles y practicas menores que se descuelguen o pongan en fuga las sensaciones y las semióticas orgánicas que construyen la nervadura afectiva de una colectividad. Obviamente estos lugares no son arquitecturas de exportación, ni menos ensambles técnico relacionales que reflejan grandilocuentemente la pobreza empírica de sus usuarios, autores, divulgadores y adeptos, estos micro-proyectos son emprendimientos aleatorios que muchas veces se mueven en la emergencia y singularidad radical de sus autores, mas aun, son agenciamientos precarios que desean procesar magnitudes de tiempo y espacio en los cuales lo que circula es nuda vida, materia no reticulada no convertida en insumo lógico o mercancía epistémica funcional a relatos de poder travestidos de teoría falsamente militante.
Los espacios a los que me refiero son aquellos surgidos de la nada y destinados a la nada, lugares ilegítimos por naturaleza y anómalos por vocación que ven en su territorializar la efectuación de su propio acontecer, son localizaciones hibridas alimentadas por el deseo de encontrar en una realidad hostil una cronología y una geografía abierta a intercambios irrelevantes, a las palabras simples, a los contactos cotidianos, a las sensaciones comunes a todo aquello que a quedado incluido por exclusión en las pistas de alta velocidad del capital.
¨Institucionalizate¨ es la ocupación de Espacio Garage como plataforma de trabajo, oficina, taller y lugar apto para exhibición de obras de arte, un campo de creación, acción y exposición constante. La obra se sustenta en la diaria y continua modificación de lo expuesto por parte de agentes externos al colectivo, llámese, artistas invitados, espectadores, transeúntes y expositores de otras disciplinas acordes a las artes visuales, abriéndose a una suerte de improvisación diaria controlada e intervenida por los agentes internos (Miembros del colectivo), respondiendo a un estricto rigor horario propuesto y llevado a cabo por N.A.R.

Obras



Swettcaldo
Lucia Hernandez


INSTITUCIONALIZATE. N.A.R en Valparaíso.
Pablo Saavedra y Francisco Olivos conforman el colectivo N.A.R cuya sigla no hace referencia a institucionalidad alguna ni tampoco pretende aludir a un concepto legible e identificable en un mercado cultural en vías de desarrollo. N.A.R no significa nada, sin embargo, tatúa mágicamente sus cuerpos y los hace participes de una exterioridad sagrada, posibilitando su ingreso protegido en un campo expresivo donde los fuertes-integrados devoran a los débiles des-agregados. En efecto N.A.R es la marca que cifra la distancia biopolítica que mantienen con el sistema institucional A.R.T.E (otra sigla que en el presente comparece vaciada de significado pero a diferencia de N.A.R sin el poder de investimiento ritual) y también es el sonido que les permite inventar un margen semiótico desde el cual articular un espacio de flujos, potencias y alteridades no cuantificables para la movida alterno-estética porteña. N.A.R es así, un espacio destinado a la antiproducción, quiero decir, un lugar ideado para la continua des-organización y perdida de los capitales movilizados por la industria cultural: una intervención des-figurante de la cartografía neoliberal.
Esta identidad bifronte, se refleja en los objetivos y medios que los componentes de N.A.R esbozan en una suerte de breve manifiesto ubicable en su Blogger de presentación, en este los autores declaran que las intenciones de N.A.R son las siguientes:
1- Mofarse de la condición de artista contemporáneo, aquel que cumple con ciertos requisitos y tiene ciertas funciones en cierta sociedad contemporánea.
2- Reírse de si mismo al entender sus propias aspiraciones como ente inserto en un insipiente circuito artístico.
3- Jactarse de poder mofarse, asumiendo ser pedante aun siendo muy poco experimentado, pecado de ser el mismo ente, joven chileno, fruto de la educación de dicho país que da a N.A.R tanto de que hablar.
Esta declaración de intenciones da cuenta de que el programa de trabajo que tienen en mente sus miembros se emplaza directamente en la emergencias del circuito de actuación que en la actualidad deben ocupar lo agentes culturales designados como artistas, dicha preocupación reflejada en el conjunto de ironías y congelantes escepticismos que despliegan en sus afirmaciones nos indica que su postura o su impostura técnica frente al espacio institucional del arte mas que ser de desencanto o rebeldía es de franca provocación, con esto me refiero, a que Saavedra y Olivos se saben envueltos en un reality cultural y por ello re- accionan ese set agenciando una ficción digital-virtual que les otorgue autoridad y autonomía política en un campo de producción estética que se manifiesta confuso respecto al sentido critico del arte y a las responsabilidades sociales del artista.
N.A.R por ende se constituye en un laboratorio heterológico que procesa las relaciones de corte-edición- anexión-codificación de los flujos de intensidad que traman, sin ser tasados semánticamente, los flujos no-narrativos, no-figurativos, no- representativos presentes en las operaciones, entre comillas, criticas realizadas por el arte en su etapa post fordista. Como lo especifica Deleuze en sus clases sobre el Anti-Edipo “Una sociedad sólo le teme a una cosa. Al diluvio. No le teme al vacío. No le teme ni a la penuria ni a la escasez. Sobre ella, sobre el cuerpo social algo chorrea y no se sabe qué es, no está codificado y aparece como no codificable en relación a esa sociedad. Algo que chorrea y arrastra a esa sociedad a una especie de desterritorialización, algo que derrite la tierra sobre la que se instala. Este es el drama. Encontramos algo que se derrumba y no sabemos qué es. No responde a ningún código, sino que huye por debajo de ellos.” N.A.R calza perfectamente con lo descrito por Deleuze, en cuanto su identidad no rotulada podría bien ser ese algo que derrite la tierra sobre la que se instala, esa maquina autopiética que analiza los puntos de singularidad y fuga que corren por debajo de los sistemas de control, una especie de plataforma epistemica que reinventa continuamente su vida critica en función de chorreos y derrumbes, de las ruinas y los escombros que construyen los escenarios espectaculares y profilácticos del arte contemporáneo.
Estos aspectos sagrados/profanos y simbólicos/productivos se materializan de forma clara y precisa en su primera okupación de un espacio expositivo, la cual es realizada en
Para abordar el conjunto de flujos que el artefacto N.A.R diseñado por Olivos Y Saavedra edita en el espacio Garaje, pienso que seria más pertinente desarrollar una revisión técnica de las piezas que componen el mecanismo emplazado. Una lectura de este tipo no recaerá en la mirada estético-romántica que ve las obras como superficies de expresión subjetiva sino en una pragmática de flujos que concibe las obras de arte y los sitio de exposición como dispositivos-maquínicos productores y editores de subjetividad.
La escritura desprendida de este análisis se acercara más a un programa de trabajo, dado que, este formato técnico posibilita otorgar a lo visto la posibilidad de seguir operando políticamente en la escritura.
1- El espacio garaje
El espacio intervenido o suspendido por el artefacto N.A.R es la sala exposición garaje de la universidad Arcis Valparaíso, dicho espacio es un garaje que actualmente es okupado como galería de exposición permanente, acogiendo las obras de artistas contemporáneos. Las características físicas del lugar son las propias de toda arquitectura destinada a la función de proteger y resguardar un vehiculo con la particularidad de que su suelo es de tierra e irregular y la reja que separa el adentro del afuera es una frágil estructura de metal y malla que posibilita la visibilidad de los objetos en exposición. Maquínicamente el espacio garaje produce reserva y oscuridad, no poseyendo un sistema de iluminación adecuado a la exposición de obras, exige que las mismas deban portar/producir su propia luminosidad o aura artificial. Por otra parte la reja que delimita el adentro y el afuera genera una clara separación entre los flujos de la vida y los flujos estéticos, los cuales permanecen alojados en la penumbra y editados por una distancia hermenéutica. La semióticas a-significantes que construyen el lugar producen efectos simbólicos en el transeúnte que lo instalan en una experiencia del arte cifrada en el cierre y la no participación de los dentros y los fueras puestos en cuestión.
Mauricio Bravo Carreño - Artista visual y teórico independiente
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